Kayak en Dique Cerro Pelado: 3 días de aventura extrema
- ABRIENDO RUTAS

- 23 ene
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 20 ene
Viví una travesía en kayak por el Dique Cerro Pelado, acampando en una isla remota y enfrentando tormentas en plena naturaleza. ¡Mirá el video!
Tres días. Dos noches. Un kayak, una isla solitaria y dos tormentas. Así fue la travesía que realicé por el Dique Cerro Pelado, un espejo de agua rodeado de sierras en el Valle de Calamuchita, Córdoba.
Remé varias horas hasta llegar a la Isla Amistad, un rincón remoto donde armé campamento colgando mi hamaca entre grandes árboles. El silencio, la sombra, la leña seca y el canto de las aves hacían del lugar un paraíso para desconectarse de todo.
Literalmente: no hay caminos, ni señal, ni personas. Solo naturaleza pura.
Pero como suele pasar en la montaña, el clima decidió cambiar las reglas. La primera noche, una tormenta eléctrica intensa me obligó a refugiarme con lo justo. La lluvia fue tan densa que anulaba los sonidos del bosque. Me mantuve seco como pude con una tienda de vivac básica y el fuego que logré sostener hasta que la lluvia lo apagó.
El tercer día, el verdadero desafío: otra tormenta. Pero esta vez me dejó atrapado. No podía remar. El viento y las olas lo impedían. Tenía que volver: había avisado que regresaba ese día, pero no tenía señal de telefono para actualizar a nadie. El riesgo de preocupar a mi familia crecía.
Esperé. Cuando el viento cedió un poco, decidí largarme bajo la lluvia. Crucé todo el lago, de sur a norte, empapado, frío, pero enfocado. Ya cerca de mi vehículo, me cambié con una muda seca y calenté agua para un café. Esa taza fue el cierre perfecto de una experiencia intensa, cruda, inolvidable.
Ir al Dique Cerro Pelado no es una simple salida al aire libre. Es entrar en un entorno donde todo puede pasar. Y si estás dispuesto a vivirlo así, te vas a encontrar con algo más que un paisaje: vas a encontrarte con vos mismo.
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🛶 Travesía en kayak por el Dique Cerro Pelado
El Dique Cerro Pelado no es un destino turístico clásico. No hay playas concurridas ni servicios visibles. Es un embalse grande, profundo, rodeado de sierras, con brazos que se internan en quebradas y desembocaduras que parecen salidas de otro tiempo.
Forma parte del sistema del Complejo Hidroeléctrico Río Grande, una obra monumental escondida bajo las montañas, pero para quien llega en kayak, lo primero que se siente es otra cosa: espacio, silencio y amplitud.
Desde el primer momento, remar ahí tiene algo especial. El lago es amplio, el horizonte se abre, y el viento suele ser protagonista. Hay sectores donde el agua parece un espejo, y otros donde se forman pequeñas olas que obligan a corregir el rumbo a cada instante.
Mi plan era simple: recorrer parte del lago, explorar la desembocadura del Río Grande, internarme en el brazo del Lago Tigre Muerto y llegar hasta la Isla Amistad para pasar dos noches acampando.
🏝️ Isla Amistad: llegar a un lugar donde casi nadie llega
La Isla Amistad aparece de a poco. Primero como una mancha verde en medio del agua. Después como un conjunto de árboles altos, cerrados, que prometen sombra y refugio.
Solo se llega por agua. No hay senderos. No hay muelles. No hay rastros de presencia humana permanente.

Cuando apoyé el kayak en la orilla, lo primero que sentí fue aislamiento real. Ese aislamiento que no se busca todos los días, pero que cuando aparece, ordena la cabeza.
Elegí un sector alto, protegido del viento. Colgué mi hamaca tipo paraguaya entre dos árboles grandes y armé un pequeño campamento. Tenía una tienda de vivac básica, apenas lo necesario para protegerme de la lluvia. El resto lo resolvía el entorno: sombra generosa, leña abundante, suelo firme.

La isla estaba viva. En los árboles dormían grupos de biguás. Durante el día, aves acuáticas cruzaban el cielo bajo, rozando la superficie del lago. Al atardecer, el silencio era tan limpio que se escuchaba el roce de las hojas con el viento.
Ahí entendés rápido por qué venís.
🌅 Primer atardecer: calma total
La primera tarde fue perfecta. Cielo abierto, agua calma, temperatura justa. Preparé algo de comer, acomodé el equipo, caminé un poco por la isla. No había huellas recientes. Apenas rastros de pescadores que pasan de vez en cuando.
Cuando bajó el sol, encendí fuego. Ese momento simple —mirar las llamas, escuchar el lago, sentir el calor en la cara— resume gran parte de lo que busco en este tipo de viajes.
Pero la montaña nunca promete estabilidad.
🌩️ Primera tormenta: aviso temprano
Ya de noche, el cielo empezó a cambiar. Primero una brisa distinta. Después un olor a tierra mojada que todavía no existía. Más tarde, el primer trueno.
La tormenta llegó rápido. Lluvia intensa en pocos minutos, ráfagas fuertes, actividad eléctrica cerca. Me refugié en el vivac, protegí el equipo y traté de mantener el fuego vivo lo suficiente como para calentar comida, pero no fue posible.
El sonido de la lluvia sobre las hojas era constante. Dormí poco, intermitente, atento a que nada se volara, a que el agua no entrara donde no debía.
A la mañana siguiente, el lago estaba otra vez calmo. Como si nada hubiera pasado.
Sali a remar antes del amanecer, cuando el cielo se teñia de rojo azul.
🌤️ Segundo día: exploración y confianza
El segundo día comenzó con buen clima. Después de una noche marcada por la tormenta, el amanecer trajo un alivio momentáneo: cielo despejado, sin viento, y el lago en calma. Me tomé un momento para ordenar el campamento y preparar el equipo. Con todo listo, me subí al kayak y salí a explorar dos zonas claves de esta travesía.
Primero me dirigí hacia el brazo del Lago Tigre Muerto, un sector más retirado y menos visible del cuerpo principal del Dique Cerro Pelado. El recorrido fue tranquilo, con el agua casi sin movimiento. A medida que me internaba, el entorno se cerraba y el ambiente se volvía más silencioso. El brazo se extiende hacia el sur y forma una especie de corredor natural entre las sierras. Navegar ahí tiene algo hipnótico: las laderas se acercan, el horizonte se achica y cada curva abre un nuevo escenario.
Luego, ya con el sol más alto, apunté hacia otro objetivo: la desembocadura del Río Grande. Esta parte del dique tiene una dinámica diferente. El paisaje se vuelve más amplio y se percibe el ingreso de agua dulce que alimenta el embalse. Es un sector que invita a detenerse, observar, y registrar mentalmente el cruce entre río y lago. Me quedé un buen rato ahí, flotando con el kayak, sin apuro.
Pero por la tarde, al iniciar el regreso hacia la Isla Amistad, las condiciones cambiaron. El viento comenzó a soplar fuerte en contra, generando olas que dificultaban el avance. La remada, que en la ida había sido fluida, se volvió exigente y lenta. Cada metro costaba.
El lago, amplio y abierto, ofrecía poca protección. La combinación de viento sostenido y oleaje frontal me obligó a remar con esfuerzo constante, corrigiendo la dirección para no desviarme del rumbo. En tramos, el avance era tan mínimo que parecía estar quieto. La fatiga comenzó a sentirse.
Finalmente, después de una larga demora y remando con constancia, logré llegar nuevamente a la isla. Cansado, pero tranquilo. Me sequé, recuperé energías y me preparé para pasar la segunda noche.
Ese día, el lago me recordó que las condiciones pueden cambiar en cualquier momento. Y que incluso en jornadas aparentemente estables, hay que estar siempre listo para adaptarse.

🌪️ Tercer día: quedar atrapado
Durante la madrugada empezó a llover otra vez. Esta vez no fue tormenta eléctrica. Fue peor: lluvia persistente, viento sostenido, cielo completamente cerrado.
Cuando amaneció, el lago ya estaba movido. Olas cortas pero firmes, viento cruzado, visibilidad reducida.
Intenté salir temprano. Imposible. Cada vez que llevaba el kayak al agua, una serie de olas me devolvía a la orilla.
Ahí apareció la verdadera tensión.
Yo había avisado que volvía ese día. No tenía señal. No podía comunicarme. Sabía que, si no regresaba, alguien iba a empezar a preocuparse.
Esperé.
Pasaron horas. Miraba el cielo, el viento, el agua. Medía mentalmente distancias, tiempos, fuerza disponible.
Hasta que, cerca del mediodía, el viento bajó apenas.
No era ideal. Pero era posible.
🌊 La decisión: cruzar bajo la lluvia
Salir fue un acto de decisión más que de entusiasmo. Lluvia constante, frío, lago abierto.
Tenía que cruzar toda la extensión del dique de sur a norte para llegar donde había dejado el vehículo.
Cada tramo exigía atención total. El viento empujaba de costado. Las olas entraban por proa. El cuerpo empezaba a enfriarse.
Ahí no hay épica. Hay concentración, técnica y control emocional.
Palada tras palada. Corregir rumbo. Respirar.
Después de un largo tramo y varias paradas obligadas, empecé a ver la costa conocida. Cuando apoyé el kayak en tierra, sentí algo simple y fuerte: alivio.
Estaba empapado. Temblando. Me cambié rápido, calenté agua y preparé un café. Ese café fue uno de los mejores que recuerdo.
⚡ El dique y la energía: el paisaje invisible
Mientras todo esto pasaba en la superficie, bajo las montañas funcionaba uno de los sistemas hidroeléctricos más complejos del país.
El Complejo Río Grande es una central de generación y bombeo única en Sudamérica. Durante la noche, bombea agua desde el contraembalse Arroyo Corto hacia el Dique Cerro Pelado. Durante el día, la deja caer para generar electricidad.
Gran parte de esa central está alojada en una caverna a más de 200 metros bajo tierra. Una obra escondida, silenciosa, que regula energía y paisaje.
Remar ahí es convivir con una infraestructura gigante… sin verla.
🧭 Seguridad, decisiones y aprendizaje
Esta travesía dejó varias enseñanzas claras:
El clima en las sierras cambia rápido y sin aviso.
La señal de celular no existe en muchos sectores.
Ir solo exige planificación real y experiencia previa.
Tomar decisiones a tiempo es parte central de la seguridad.
Gestionar el riesgo no es evitarlo. Es entenderlo, medirlo y actuar con criterio.
🎥 Mirá el video completo de esta experiencia
Todo este viaje quedó registrado en video. Desde la llegada a la isla hasta el cruce final bajo la lluvia.
🗺️ Track de la travesía en Wikiloc
Para quienes estén pensando en vivir una experiencia similar, pueden consultar el track GPS completo en Wikiloc de Ricardo Explora, que incluye:
Punto de inicio y regreso
Recorrido por el Dique Cerro Pelado
Brazo del Lago Tigre Muerto
Campamento en la Isla Amistad
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